Ángeles de la guardia
Ángeles de la guardia
Cuarenta y nueve años de historia en el cementerio del ángel
El cementerio “Del Ángel” vela entre sus pasillos 49 años de historia, 49 años espectando todos los días el sufrimiento de la gente con la partida de un ser querido, guardando con recelo el cuerpo de estos difuntos, cargando con el peso de la conciencia de los que en vida fueron; convirtiéndose en su nuevo hogar de ahora en adelante para todos aquellos.
Está es una nueva condición del ser, una extraña condición que asume cuando ha muerto. Analizando la situación lo más extraño es que estamos acostumbrados a recibir visitas en el hogar, a estar siempre con nuestra familia, esa que en vida dice que jamás nos abandonará, que podemos dudar de todos menos de ellos, que está acostumbrada a darnos presentes sólo en fechas claves y que en estas sería extraño que recibieras rosas por parte de ellos y más si eres hombre, una vez que se pasa a “mejor vida” si la opción de muerte es la sepultura, el cementerio se convierte en el nuevo hogar viendo como ahora los familiares van de visita por un par de horas llevándoles casi siempre presentes como flores, tarjetas, entre otras cosas extrañas que jamás regalarían en vida, puede que sea producido por el cargo de conciencia que genera el dejarlos olvidados luego de haber hecho tantas promesas como las mencionadas anteriormente, se tiene nuevos compañeros de cuarto, nuevos vecinos, siempre se estarán acompañados si los familiares se olvidaron de ellos (que pasa mayormente y el tiempo es relativo de acuerdo a las familias) siempre tendrán la compañía del encargado del pabellón, quien probablemente sea ahora el familiar más cercano, una especie de padre o madre así sea menor que el fallecido.
Me encontraba asustada por lo que allí me podría ocurrir. Fue extraña la expresión del taxista al preguntarle: ¿cuánto hasta el ángel?, como si su mirada nos advirtiera del peligro que existe en el lugar, Diez soles señorita, respondió, he ido a ese lugar una vez y no tenía uso de razón aún así que sin discutir, como si el precio fuera justo, me enrumbé al cementerio.
Llegué allí a las doce del día. Cuando bajé del taxi los vendedores de flores me asecharon como sólo lo hacen los leones hambrientos, es que desde la aparición de los nuevos camposantos la gente que asiste al ángel en su mayoría realiza traslados de cuerpos, dejando vacíos los nichos que difícilmente volverán a ser ocupados, como si este cementerio no les hubiera brindado lo mejor en su época, por esto es que los floristas persiguen a la gente hasta que les compren aunque sea por compasión, puesto que no pueden dejar pasar a la poca clientela que tienen por día, de esto se alimentan ellos y sus familias; como todos, tienen que llevar un plato de comida a casa y no importa hostigar a los visitantes, lo importante es vender.
En la fachada hay unas esculturas negras que solo dan la impresión de ángeles por las alas y porque parecen ascender, estos ángeles también han sufrido el paso del tiempo, algunos no tienen pies o alas, pero siguen dando alusión al nombre del cementerio, con estos detalles aún más ya que van con la edad de este.
Permanecí en el ángel 5 horas y puedo decir que jamás sentí la pertenencia que allí se siente, es que todo lo que está allí es propiedad de ese cementerio, es un gran hogar capaz de albergar desde vivos hasta muertos, nada más suyo que los que en este habitan, cada cosa que existe allí le dan el sentido que ahora tiene. Es injusto que con la aparición de nuevas necrópolis le quiten pobladores a esta pequeña ciudad, es pagarle de una manera interesada a quien nos acogió en un momento difícil, no solo a los que ya no están, sino a los familiares, amigos y demás que lloraron en los pasillos de este.
Si el cementerio del ángel hablara tendría mil y una historia que contarnos, gracias a dios existen los cuidadores, guardianes, vigilantes, como suene mejor, la verdad es que son la representación viva de este lugar, y que aunque no lo saben todo, saben muchas cosas. Como Ramiro Sánchez quien está encargado del pabellón Santa Devora hace 36 años y encontró aquí su casa. Cuando lo encontré estaba sentado en una banca, la que de noche se convierte en su cama, limpiando y dándole color a sus zapatos marrones con el jugo de una rosa roja extraída de uno de los nichos. Nos mirábamos con cautela, yo buscando la oportunidad para preguntarle sobre su vida, y él tratando de adivinar porque lo miraba, es extraño que alguien en un cementerio donde hay enterradas tantas celebridades quiera hablar con alguien encargado de cuidar los nichos. Sin más rodeos lo aseché preguntándole hasta que hora trabajaba y hace cuanto tiempo, dejo de limpiar sus zapatos, se levantó cogió una escoba y empezó a barrer mientras me hablaba. Me contaba que hace 36 años trabaja en el cementerio que no era limeño y que por falta de trabajo estaba allí, no me fue difícil entrar al cementerio, lo difícil es salirme de él, me dijo, ahora hasta me quedo a dormir cuidando las lápidas ya que los muros no son muy altos y estamos en una parte fea de la victoria, los rateros se trepan en la noche y no respetan ni a los muertos. Todo por llevarse pedazos de mármol, comenta Ramiro con una expresión de decepción, frunciendo el seño y achicando esos hermosos ojos celestes rodeados por las arrugas que hacen aparente el cansancio de la edad. Tiene 65 años y se pone triste al responder que no tiene familia, miró con orgullo a una monjita que pasaba por Santa Devora tras unos visitantes que habían llegado a homenajear a su familiar fallecido. Esta monjita deambula por los pasillos esperando que alguien requiera sus responsos, los cuales son remunerados por la voluntad de los familiares, esta vez no me prestó mucha atención ya que para su suerte y como ocurre ya hace tiempo pocas veces se presentan estas oportunidades y este era el momento de ganarse el alimento, debía rezar para que Dios interceda por el alma de una señora recién fallecida.
Desde que llegué hasta que me fui escuchaba por los pasillos una trompeta sonando, no tocando una canción especial, sólo afinando notas, una manera de decir estoy aquí por si alguien me necesitaba, caminaba tan rápido que parecía imposible alcanzarlo, sólo pude preguntarle a don Ramiro ¿que hacía ese músico allí? Me contó que al igual que aquella monjita ayudaba a alegrar las tardes de los difuntos si los familiares lo requerían, de pronto se escuchó la canción de cumpleaños y gente bailando frente al nicho, el trompetista decía feliz al terminar la canción: Feliz cumpleaños Nilda, bendice a tus familiares. Según Ramiro estos músicos y oradores pagan 20 soles mensuales a la beneficencia del cementerio para poder trabajar, es por eso que su tiempo es valioso, ya que no tienen un sueldo establecido porque dependen de la voluntad y ánimo de los familiares, las mejores familias ya trasladaron a sus familiares fallecidos a nuevos y mejores cementerios, quitándoles trabajo a estos señores que veían en el Ángel su centro de labores.
A las 3 de la tarde se dio a cabo el entierro del día, en una pizarra en la beneficencia se encuentra programado los entierros y velorios del día los cuales se han reducido notoriamente, ahora en el mejor de los casos hay dos por día, en el peor no hay ninguno en dos o tres días, solo retiran los cuerpos dejando vacios los nichos que probablemente tardaran mucho en ocuparse por un nuevo inquilino. Era el entierro de doña Margarita Delgado Bernal quien falleció a sus 69 años y su nicho estaba dentro de un mausoleo, uno no tan lujoso y sofisticado como los hay en el ángel, donde se encuentran las familias más importantes de las décadas 60 y 70, aquellos que parecen reemplazar un hogar muy lujoso para que lo aprovechen en su nueva vida, eso era muestra de la importancia de las familias, era la manera de pertenecer a la elite de los fallecidos en aquellos tiempos, de igual manera en aquel lugar estaría junto a sus familiares fallecidos hace un par de años atrás, una carroza blanca con un letrero de “alquiler” traslado el cuerpo, la tristeza de la gente es incontrolable ¿Cómo puedes consolar a alguien que a perdido a una persona querida? ¿Acaso el famoso “estará en un lugar mejor” ya no funciona? En ese momento solo pensamos que no hay lugar en el que pueda estar mejor que al lado nuestro, esas cosas son inútiles, nada puede ayudar más, que llorar incontrolablemente, ayuda a sentirce mejor en ese momento y deja expresarlo ya que saben que pasará con el tiempo, no siempre se sufrirá por la pérdida de un familiar, al pasar de los meses esa pena será reemplazada por nueva felicidad y se olvidarán de este familiar, irán disminuyendo las visitas al cementerio hasta que ya no irán más y las lápidas se irán llenando de polvo, las flores se irán marchitando, los cadáveres irán desapareciendo tanto dentro del nicho como de las mentes de aquellos que dijeron que nunca se olvidarían de ellos.
Es allí cuando estos guardianes se convierten en ángeles para los difuntos. En los únicos familiares así no los hayan conocido en vida y menos aún sepan como murieron, Como en el caso de Simón Tello que trabaja aquí hace 10 años, vino a Lima hace 10 años también por falta de trabajo y busca de mejoras respecto a los estudios y demás, trabajó en una empresa y por reducción de personal lo despidieron, un primo de él trabajaba en el cementerio hace bastante tiempo y le ofreció trabajar allí como el dice sino hubiera tenido vara no hubiera ingresado allí. Cuando comentó en su casa que trabajaría en el cementerio todos sus familiares se quedaron asombrados y admirados por su valentía, si supieran que yo también tenía miedo comenta riéndose. -Ahora ya me acostumbre, hasta tengo santitos milagrosos, son dos personas que murieron de jóvenes y sus familiares los han abandonado, son como mi familia, les pongo flores y agua sin que me paguen, les rezo y duermo en sus pies cuando me toca guardia- comentó -¿duerme aquí?- pregunté consternada, riéndose me dijo: si, hace diez años dos veces por semana, debo cuidar que no se roben las lápidas y el mármol. ¿Y que hace en el día? le pregunté - lo mismo que hago ahora- me dijo mientras limpiaba las lápidas, me contó que sus ganancias están en hacer, limpiar y decorar las lápidas de los difuntos, su sueldo también depende de la voluntad de la gente pero no tienen que pagar por estar allí como el músico o los oradores ya que pertenecen a una asociación que paga la estadía de toda estas personas, durante la noche se quedan dos por pabellón, los que tienen suerte arman sus cartones o maderas en el piso al lado de un nicho y los que no pues solo se tiran en el suelo a soñar con los angelitos. Le pregunté respecto a las apariciones y demás, me contesto lo mismo que todos allí: Solo tenemos pesadillas. No es raro que uno tengas
Pesadillas, lo raro es que casi todos los cuidadores tengan pesadillas, debe ser la idea de dormir en un cementerio o la manera de manifestarse de los difuntos. Simón siente que está protegido, como lo mencione antes dos jóvenes se han convertido como en su familia: Iván Meza y Frederick Augusto o Freddy como él lo llama. En algunos casos la familia no puede acercarse, en realidad es para ahorrarse la molestia de ir a llevarle flores, limpiar las lápidas entre otras cosas y prefieren encargárselo a estos guardianes a quienes les pagan 20 soles mensuales por realizar estos trabajos. Mientras conversaba con Simón él terminaba de limpiar las lápidas en el pabellón, tenia un manojo de aproximadamente 30 llaves, sorprendida el pregunté ¿cómo hace para identificarlas? Ya me acostumbré me respondió, ya parezco San Pedro agregó para amenizar el ambiente entre nosotros. Le pregunté acerca de sus experiencias en el cementerio, me dijo que jamás había visto nada extraño, solo se asustaba cuando el viento agitaba las rejillas de los nichos pero nada más extraño, lo que si le había ocurrido eran fracturas, muchas veces por terminar su trabajo rápidamente caía de las escaleras y se fracturaba los brazos y demás partes del cuerpo, gajes del oficio responde con más risas. Logró mostrarme la guarida del cuidador más antiguo, como él lo atribuye el creador de esas “camas portátiles”, tiene tantos años como el cementerio dice entre bromas, le pedí que me lo presentará a lo que me respondió ¿dónde estará? Aunque no creo que te sirva de mucho es sordo y mudo. Parece que el cementerio me quiere ocultar algo, algo que pasó en sus inicios y que probable nunca sabremos ya que las circunstancias se prestan para esto.
Cuarenta y nueve años de historia en el cementerio del ángel
El cementerio “Del Ángel” vela entre sus pasillos 49 años de historia, 49 años espectando todos los días el sufrimiento de la gente con la partida de un ser querido, guardando con recelo el cuerpo de estos difuntos, cargando con el peso de la conciencia de los que en vida fueron; convirtiéndose en su nuevo hogar de ahora en adelante para todos aquellos.
Está es una nueva condición del ser, una extraña condición que asume cuando ha muerto. Analizando la situación lo más extraño es que estamos acostumbrados a recibir visitas en el hogar, a estar siempre con nuestra familia, esa que en vida dice que jamás nos abandonará, que podemos dudar de todos menos de ellos, que está acostumbrada a darnos presentes sólo en fechas claves y que en estas sería extraño que recibieras rosas por parte de ellos y más si eres hombre, una vez que se pasa a “mejor vida” si la opción de muerte es la sepultura, el cementerio se convierte en el nuevo hogar viendo como ahora los familiares van de visita por un par de horas llevándoles casi siempre presentes como flores, tarjetas, entre otras cosas extrañas que jamás regalarían en vida, puede que sea producido por el cargo de conciencia que genera el dejarlos olvidados luego de haber hecho tantas promesas como las mencionadas anteriormente, se tiene nuevos compañeros de cuarto, nuevos vecinos, siempre se estarán acompañados si los familiares se olvidaron de ellos (que pasa mayormente y el tiempo es relativo de acuerdo a las familias) siempre tendrán la compañía del encargado del pabellón, quien probablemente sea ahora el familiar más cercano, una especie de padre o madre así sea menor que el fallecido.
Me encontraba asustada por lo que allí me podría ocurrir. Fue extraña la expresión del taxista al preguntarle: ¿cuánto hasta el ángel?, como si su mirada nos advirtiera del peligro que existe en el lugar, Diez soles señorita, respondió, he ido a ese lugar una vez y no tenía uso de razón aún así que sin discutir, como si el precio fuera justo, me enrumbé al cementerio.
Llegué allí a las doce del día. Cuando bajé del taxi los vendedores de flores me asecharon como sólo lo hacen los leones hambrientos, es que desde la aparición de los nuevos camposantos la gente que asiste al ángel en su mayoría realiza traslados de cuerpos, dejando vacíos los nichos que difícilmente volverán a ser ocupados, como si este cementerio no les hubiera brindado lo mejor en su época, por esto es que los floristas persiguen a la gente hasta que les compren aunque sea por compasión, puesto que no pueden dejar pasar a la poca clientela que tienen por día, de esto se alimentan ellos y sus familias; como todos, tienen que llevar un plato de comida a casa y no importa hostigar a los visitantes, lo importante es vender.
En la fachada hay unas esculturas negras que solo dan la impresión de ángeles por las alas y porque parecen ascender, estos ángeles también han sufrido el paso del tiempo, algunos no tienen pies o alas, pero siguen dando alusión al nombre del cementerio, con estos detalles aún más ya que van con la edad de este.
Permanecí en el ángel 5 horas y puedo decir que jamás sentí la pertenencia que allí se siente, es que todo lo que está allí es propiedad de ese cementerio, es un gran hogar capaz de albergar desde vivos hasta muertos, nada más suyo que los que en este habitan, cada cosa que existe allí le dan el sentido que ahora tiene. Es injusto que con la aparición de nuevas necrópolis le quiten pobladores a esta pequeña ciudad, es pagarle de una manera interesada a quien nos acogió en un momento difícil, no solo a los que ya no están, sino a los familiares, amigos y demás que lloraron en los pasillos de este.
Si el cementerio del ángel hablara tendría mil y una historia que contarnos, gracias a dios existen los cuidadores, guardianes, vigilantes, como suene mejor, la verdad es que son la representación viva de este lugar, y que aunque no lo saben todo, saben muchas cosas. Como Ramiro Sánchez quien está encargado del pabellón Santa Devora hace 36 años y encontró aquí su casa. Cuando lo encontré estaba sentado en una banca, la que de noche se convierte en su cama, limpiando y dándole color a sus zapatos marrones con el jugo de una rosa roja extraída de uno de los nichos. Nos mirábamos con cautela, yo buscando la oportunidad para preguntarle sobre su vida, y él tratando de adivinar porque lo miraba, es extraño que alguien en un cementerio donde hay enterradas tantas celebridades quiera hablar con alguien encargado de cuidar los nichos. Sin más rodeos lo aseché preguntándole hasta que hora trabajaba y hace cuanto tiempo, dejo de limpiar sus zapatos, se levantó cogió una escoba y empezó a barrer mientras me hablaba. Me contaba que hace 36 años trabaja en el cementerio que no era limeño y que por falta de trabajo estaba allí, no me fue difícil entrar al cementerio, lo difícil es salirme de él, me dijo, ahora hasta me quedo a dormir cuidando las lápidas ya que los muros no son muy altos y estamos en una parte fea de la victoria, los rateros se trepan en la noche y no respetan ni a los muertos. Todo por llevarse pedazos de mármol, comenta Ramiro con una expresión de decepción, frunciendo el seño y achicando esos hermosos ojos celestes rodeados por las arrugas que hacen aparente el cansancio de la edad. Tiene 65 años y se pone triste al responder que no tiene familia, miró con orgullo a una monjita que pasaba por Santa Devora tras unos visitantes que habían llegado a homenajear a su familiar fallecido. Esta monjita deambula por los pasillos esperando que alguien requiera sus responsos, los cuales son remunerados por la voluntad de los familiares, esta vez no me prestó mucha atención ya que para su suerte y como ocurre ya hace tiempo pocas veces se presentan estas oportunidades y este era el momento de ganarse el alimento, debía rezar para que Dios interceda por el alma de una señora recién fallecida.
Desde que llegué hasta que me fui escuchaba por los pasillos una trompeta sonando, no tocando una canción especial, sólo afinando notas, una manera de decir estoy aquí por si alguien me necesitaba, caminaba tan rápido que parecía imposible alcanzarlo, sólo pude preguntarle a don Ramiro ¿que hacía ese músico allí? Me contó que al igual que aquella monjita ayudaba a alegrar las tardes de los difuntos si los familiares lo requerían, de pronto se escuchó la canción de cumpleaños y gente bailando frente al nicho, el trompetista decía feliz al terminar la canción: Feliz cumpleaños Nilda, bendice a tus familiares. Según Ramiro estos músicos y oradores pagan 20 soles mensuales a la beneficencia del cementerio para poder trabajar, es por eso que su tiempo es valioso, ya que no tienen un sueldo establecido porque dependen de la voluntad y ánimo de los familiares, las mejores familias ya trasladaron a sus familiares fallecidos a nuevos y mejores cementerios, quitándoles trabajo a estos señores que veían en el Ángel su centro de labores.
A las 3 de la tarde se dio a cabo el entierro del día, en una pizarra en la beneficencia se encuentra programado los entierros y velorios del día los cuales se han reducido notoriamente, ahora en el mejor de los casos hay dos por día, en el peor no hay ninguno en dos o tres días, solo retiran los cuerpos dejando vacios los nichos que probablemente tardaran mucho en ocuparse por un nuevo inquilino. Era el entierro de doña Margarita Delgado Bernal quien falleció a sus 69 años y su nicho estaba dentro de un mausoleo, uno no tan lujoso y sofisticado como los hay en el ángel, donde se encuentran las familias más importantes de las décadas 60 y 70, aquellos que parecen reemplazar un hogar muy lujoso para que lo aprovechen en su nueva vida, eso era muestra de la importancia de las familias, era la manera de pertenecer a la elite de los fallecidos en aquellos tiempos, de igual manera en aquel lugar estaría junto a sus familiares fallecidos hace un par de años atrás, una carroza blanca con un letrero de “alquiler” traslado el cuerpo, la tristeza de la gente es incontrolable ¿Cómo puedes consolar a alguien que a perdido a una persona querida? ¿Acaso el famoso “estará en un lugar mejor” ya no funciona? En ese momento solo pensamos que no hay lugar en el que pueda estar mejor que al lado nuestro, esas cosas son inútiles, nada puede ayudar más, que llorar incontrolablemente, ayuda a sentirce mejor en ese momento y deja expresarlo ya que saben que pasará con el tiempo, no siempre se sufrirá por la pérdida de un familiar, al pasar de los meses esa pena será reemplazada por nueva felicidad y se olvidarán de este familiar, irán disminuyendo las visitas al cementerio hasta que ya no irán más y las lápidas se irán llenando de polvo, las flores se irán marchitando, los cadáveres irán desapareciendo tanto dentro del nicho como de las mentes de aquellos que dijeron que nunca se olvidarían de ellos.
Es allí cuando estos guardianes se convierten en ángeles para los difuntos. En los únicos familiares así no los hayan conocido en vida y menos aún sepan como murieron, Como en el caso de Simón Tello que trabaja aquí hace 10 años, vino a Lima hace 10 años también por falta de trabajo y busca de mejoras respecto a los estudios y demás, trabajó en una empresa y por reducción de personal lo despidieron, un primo de él trabajaba en el cementerio hace bastante tiempo y le ofreció trabajar allí como el dice sino hubiera tenido vara no hubiera ingresado allí. Cuando comentó en su casa que trabajaría en el cementerio todos sus familiares se quedaron asombrados y admirados por su valentía, si supieran que yo también tenía miedo comenta riéndose. -Ahora ya me acostumbre, hasta tengo santitos milagrosos, son dos personas que murieron de jóvenes y sus familiares los han abandonado, son como mi familia, les pongo flores y agua sin que me paguen, les rezo y duermo en sus pies cuando me toca guardia- comentó -¿duerme aquí?- pregunté consternada, riéndose me dijo: si, hace diez años dos veces por semana, debo cuidar que no se roben las lápidas y el mármol. ¿Y que hace en el día? le pregunté - lo mismo que hago ahora- me dijo mientras limpiaba las lápidas, me contó que sus ganancias están en hacer, limpiar y decorar las lápidas de los difuntos, su sueldo también depende de la voluntad de la gente pero no tienen que pagar por estar allí como el músico o los oradores ya que pertenecen a una asociación que paga la estadía de toda estas personas, durante la noche se quedan dos por pabellón, los que tienen suerte arman sus cartones o maderas en el piso al lado de un nicho y los que no pues solo se tiran en el suelo a soñar con los angelitos. Le pregunté respecto a las apariciones y demás, me contesto lo mismo que todos allí: Solo tenemos pesadillas. No es raro que uno tengas
Pesadillas, lo raro es que casi todos los cuidadores tengan pesadillas, debe ser la idea de dormir en un cementerio o la manera de manifestarse de los difuntos. Simón siente que está protegido, como lo mencione antes dos jóvenes se han convertido como en su familia: Iván Meza y Frederick Augusto o Freddy como él lo llama. En algunos casos la familia no puede acercarse, en realidad es para ahorrarse la molestia de ir a llevarle flores, limpiar las lápidas entre otras cosas y prefieren encargárselo a estos guardianes a quienes les pagan 20 soles mensuales por realizar estos trabajos. Mientras conversaba con Simón él terminaba de limpiar las lápidas en el pabellón, tenia un manojo de aproximadamente 30 llaves, sorprendida el pregunté ¿cómo hace para identificarlas? Ya me acostumbré me respondió, ya parezco San Pedro agregó para amenizar el ambiente entre nosotros. Le pregunté acerca de sus experiencias en el cementerio, me dijo que jamás había visto nada extraño, solo se asustaba cuando el viento agitaba las rejillas de los nichos pero nada más extraño, lo que si le había ocurrido eran fracturas, muchas veces por terminar su trabajo rápidamente caía de las escaleras y se fracturaba los brazos y demás partes del cuerpo, gajes del oficio responde con más risas. Logró mostrarme la guarida del cuidador más antiguo, como él lo atribuye el creador de esas “camas portátiles”, tiene tantos años como el cementerio dice entre bromas, le pedí que me lo presentará a lo que me respondió ¿dónde estará? Aunque no creo que te sirva de mucho es sordo y mudo. Parece que el cementerio me quiere ocultar algo, algo que pasó en sus inicios y que probable nunca sabremos ya que las circunstancias se prestan para esto.


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